SIN RCP NO HAY AMBULANCIA
La Ley 27.159 establece la obligatoriedad de cardioprotección en espacios públicos, pero su implementación es débil. El desconocimiento de la población en RCP y DEA sigue siendo un factor crítico en la alta mortalidad por paro cardíaco.
Cada 29 de
septiembre el mundo conmemora el Día Internacional del Corazón, una
fecha clave para reflexionar sobre la principal causa de muerte en Argentina y
en el mundo: las enfermedades cardiovasculares. Pese a los avances médicos y a
la existencia de leyes que promueven la prevención, miles de argentinos
fallecen cada año porque quienes los rodean no saben cómo actuar en una
emergencia.
Una ley sin aplicación efectiva
En 2015, la
Argentina sancionó la Ley 27.159 de Muerte Súbita, que obliga a instalar
desfibriladores externos automáticos (DEA) en espacios públicos y promueve la
enseñanza de reanimación cardiopulmonar (RCP). Sin embargo, la norma carece de
controles, seguimiento y sanciones, lo que la convierte en una herramienta
débil.
Sin presupuesto específico ni políticas públicas firmes, la ley quedó como una declaración
de buenas intenciones, pero sin impacto real en la vida cotidiana.
La falsa idea de que “no me va a pasar”
Otro factor
determinante es la percepción social. Muchas personas creen que una emergencia
cardíaca es un hecho lejano o improbable. Esta creencia desmotiva la
capacitación, aunque las estadísticas son contundentes: En Argentina muere 1 persona
cada 7 minutos por enfermedades relacionadas al corazón.
Comunicación y educación ausentes
Las campañas
de difusión sobre RCP es prácticamente nula. La falta de mensajes
permanentes en medios y redes sociales invisibiliza el tema y debilita la
conciencia preventiva.
En las escuelas, si bien algunas provincias incorporaron contenidos de RCP, la
enseñanza no es uniforme ni obligatoria, lo que provoca que la mayoría
de los argentinos lleguen a la adultez sin haber recibido formación básica en
primeros auxilios.
Barreras culturales y psicológicas
El llamado “efecto
espectador” explica por qué, en una emergencia, muchas personas no actúan:
el miedo a equivocarse o tener consecuencias legales; o la idea de que solo
médicos y enfermeros pueden salvar vidas paralizan a los testigos. En realidad,
cualquier ciudadano entrenado puede iniciar la cadena de supervivencia y
marcar la diferencia entre la vida y la muerte.
Un desafío institucional y económico
A nivel
laboral y comunitario, muchas empresas, clubes y escuelas privadas evitan
organizar capacitaciones porque las ven como un gasto y no como una inversión.
Por su parte, el Estado no siempre asigna los recursos suficientes para
garantizar la formación comunitaria.
Una deuda pendiente
La falta de
conocimiento en RCP y actuación en emergencias no se debe a la ausencia de
legislación, sino a su débil implementación, la escasa comunicación
pública y las barreras psicológicas y culturales que frenan a la
población.
Cerrar esta brecha requiere campañas permanentes, capacitaciones
obligatorias en escuelas y lugares de trabajo, y la construcción de una cultura
comunitaria de acción inmediata.
En este Día
Internacional del Corazón, la reflexión es clara: aprender RCP no
debería ser una opción, sino un compromiso social para salvar vidas.

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